martes, octubre 24, 2006

El Señor del Tiempo

Andaba yo por mis años mozos, en plena era de El Señor de los Anillos (cuando lo descubrí yo, años antes de que Peter Jackson lo convirtiese en un elemento de la cultura pop, cuando haberse leído aquel tocho era signo de una personalidad especial, de un tipo concreto de persona, de un friki, vamos), cuando cayó en mis manos una trilogía escrita por Louise Cooper: El Señor del Tiempo.
En el Señor del Tiempo, Tarod, criado únicamente por su madre, descubre durante la adolescencia que tiene poderes, pero de la manera más trágica. Durante un juego, mata involuntariamente a su primo al invocar un poderoso rayo. Todo esto sucede en medio de un mundo dominado por la superstición y por unos sacerdotes representantes del gran Aeoris, el Sumo Señor del Orden, dios principal de un cortejo de dioses supervivientes de un enfrentamiento con los dioses de Caos. Pero el Caos es anatema. No debe ser pronunciado, ni debe ser cuestionado el mandato de Aeoris.
Un Warp, una tormenta de Caos, ecos y consecuencias de las antiguas guerras entre dioses, arranca a Tarod de su pueblo natal. Cuando despierta, se encuentra en manos de los Iniciados, guardianes de la fe y hechiceros, que le crian y le enseñan a dominar sus poderes. Pronto, Tarod destaca sobre todos ellos, algo dentro de él le convierten en un ser excepcional. Pero Tarod, en el fondo, conoce su auténtica naturaleza, que primero rechaza y luego abraza: Él es una criatura de Caos.
Los personajes de este libro son capaces de copar todas las emociones, desde el aprecio hacia sus protagonitas como el desprecio hacia alguno de los antagonistas. Cooper nos desvela un juego de doble moral, de acciones encubiertas, una visión también trocada de los conceptos clásicos de Orden y Caos (tan usados por su maestro, Michael Moorcock). Nos dice que los dioses no son como queramos que sean, no son reflejo de los hombres. Y todo ello en un contexto fantástico, dominado por una hechicería útil e inteligente. Y nada pesado de leer (no, no hay cientos de páginas de páramos vacíos en los que no pasa nada).

Puntuación: 8,5/10

1 comentario:

taranco dijo...

buena descripcion, mejor libro si cabe