sábado, diciembre 02, 2006

Cena en el Palacio de la Discordia

En Cena en el Palacio de la Discordia (1985), Tim Powers nos lleva a un futuro post apocalíptico para seguir las aventuras de Gregorio Rivas.
Rivas es un músico que toca el pelícano y se dedica a ir de bar en bar y de cantina en cantina tocando sus viejas melodías. Antaño, Rivas era un tipo muy reclamado y reconocido. Se encargaba de rescatar a personas de las garras de una secta llamada los Jaybird, extraño culto fanático, seguidores del que consideran un dios: Norton Jaybrush. De hecho, era el mejor redentor, pero ahora se encuentra retirado.

Gregorio descubre que su antigua amada, un amor fracasado de juventud, se encuentra en manos de los Jaybird. Urania, que así se llama, ha caído dentro de la Secta y ahora es una de ellos. Ante la súplica de su futuro marido, Rivas decide calzarse las botas de redentor de nuevo y rescatar a su primer amor. Por supuesto hay una cuantiosa recompensa por medio, en quintos de coñac, la moneda de curso legal del momento. Sin embargo, Rivas pretende llegar como el salvador y atraer de nuevo el amor de Urania, superando así los traumas de su juventud.
Así, Rivas se enfrenta por última vez al culto de Jaybrush para llegar hasta lo más profundo de su naturaleza e incluso descubrir la verdad que se esconde tras Norton Jaybrush, el nuevo mesías.
Powers nos da en este libro otra ración de sus personajes maltratados y supervivientes. A Gregorio Rivas, igual que a Brendan Doyle de Las Puertas de Anubis, le pasa casi de todo. Parece que a Powers le gusta maltratar a sus protagonistas.
El futuro presentado por Powers es innovador en algunos sentidos, pero parece carecer a veces de la profundidad, siendo quizás simples brochazos para lo que se espera de Powers, aunque logra sostener perfectamente la historia. Pocos personajes tienen tiempo de desarrollarse, ya que la historia se centra casi por completo en Gregorio. Sin embargo, esta obra, considerada por algunos una obra menor de Powers, posee por si misma la suficiente intensidad y diversión como para mantener al lector atado hasta su final.


Puntuación: 8/10

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