lunes, diciembre 04, 2006

D10S

Estuvimos siempre en contacto con la Tierra. Era la cuna de la Humanidad, aunque ya nos habíamos extendido por el sistema solar y más allá. El ser humano llevaba ya un milenio hollando el espacio y había construido emplazamientos en muchos planetas, desde cúpulas domóticas a extensas ciudades subterráneas. La distancia fue separando el sentimiento de unidad de los primeros pioneros del espacio. Todos éramos humanos, pero cada uno vivía en su propia colonia, con sus propios problemas y sus metas. Sin embargo, la Tierra, la mítica Tierra de la que todos procedemos, quedó grabada como el Jardín del Edén de los antiguos en nuestras memorias. Los cuentos que hablaban de ella la colocaban como un paraíso y todos ansiaban la idea de alguna vez regresar a esos campos verdes, bajo el cielo azul y bañarse en sus aguas cristalinas. Ilusiones. Eso no ha cambiado en absoluto. Las ilusiones y la esperanza es lo que mantiene vivo al ser humano.
Como decía, nos mantuvimos en contacto con nuestro planeta natal. Bueno, realmente el planeta natal de nuestros antepasados. Mi colonia llevaba tres siglos fundada, en un planeta que giraba alrededor de Próxima Centauri, a sólo 4,2 años luz de la Tierra. A pesar de nuestra tecnología, nuestra velocidad de desplazamiento era aún a velocidades sublumínicas, así como nuestros medios de comunicación sólo alcanzaban la velocidad de la luz. De este modo, hablar con la Tierra suponía un lapso de más de cuatro años para la respuesta, por lo que no se trataban precisamente de conversaciones muy fluidas. En la mayoría de casos, se trataban de datos sobre la economía, la sociedad y la ciencia, que llegaban de manera casi continua. Del mismo modo, nosotros enviábamos informes sobre el estado de nuestra colonia.
Yo era por aquel entonces un ingeniero de telecomunicaciones encargado de la estación de recepción y emisión. Cuando entré, el trabajo estaba casi automatizado y me pasaba mucho tiempo simplemente comprobando lucecitas y pantallas de ordenador, verificando que todo fuese bien. Semanalmente recogía las recepciones y las entregaba al Centro de Estudio y Estadistica. En mi abundante tiempo libre me dedicaba a hacer música a través de fractales o a jugar al solitario en el ordenador. Luego, empecé a leer las transcripciones. Había teras y teras de datos numéricos, la mayoría de ellos intrascendentes para mi. Me centraba en las noticias de sociedad, en las historias que llegaban.
Así pasé siete años. Por aquel entonces ya era el encargado de la sección, pero mi trabajo seguía siendo igualmente anodino. Puedo decir que en aquellos siete años jamás se estropeó nada que requiriese más de cinco minutos mi atención. Nuestra tecnología y modo de trabajar había divergido del de la Tierra. Mientras allí se concentraban los mejores teóricos, en las colonias se había prodigado una visión más práctica de la ciencia y la tecnología. Nosotros no podíamos permitirnos el lujo de cometer un fallo, nuestras vidas dependían de que todo funcionase perfectamente. Por eso mismo, nuestras construcciones eran enormemente seguras pero estábamos muy retrasados con respecto al nivel científico de la Tierra. En esas estábamos cuando nos comenzaron a llegar datos de la Tierra sobre un ambicioso proyecto que había rondado las cabezas de los científicos durante siglos. Se trataba del Proyecto Omega. Con avidez devoré los informes, descubriéndome ante la maravilla que los terrícolas habían planteado, algo sorprendente y siniestro a la vez, una tarea titánica al alcance de los dioses.
El Proyecto Omega consistía en la creación de una poderosa supercomputadora distribuida a nivel global. La computadora estaría compueta por millones de módulos interconectados entre sí y poseería millones de kilómetros cuadrados de superficie, kilometros de cables, emisores inalámbricos, procesadores y paneles solares. Toda la humanidad se había volcado en su construcción. Una vez finalizada, la computadora comenzaría a emular un mundo perfecto donde no hubiese contaminación, enfermedad o muerte. Y emularía a cada uno de los seres humanos que han existido alguna vez en la Tierra. Una vez cargada toda la emulación, lo seres humanos actuales se descargarían dentro de la aplicación, usando un proceso conocido como Mind Upload. Así, los seres humanos dejarían atrás sus soportes físicos y serían bits en algún almacén de memoria en algún lugar de la Tierra. Vivirían para siempre, y serían revividos, como en el Cielo, todos aquellos seres humanos que hubiesen vivido alguna vez. La vida sería una emulación perfecta.
Pero ¿A qué se debe tal necesidad de construir el Proyecto Omega? Pues sucede que la vida en la Tierra no era tan idílica como en nuestras leyendas. La superpoblación, la contaminación, la escasez de recursos estaban amenazando la supervivencia de la humanidad. El ser humano había escapado hacia las estrellas, pero los terrícolas deseaban escapar hacia el Cielo y construirían uno a su medida. Que faraónica labor y que horror ante tan siniestra construcción. Me debatía entre la maravilla y la estupefacción. Así comenzó el proyecto, que se demoró en su construcción once años. En sólo once años, los seres humanos de la Tierra construyeron el mayor computador de todos los tiempos, el mayor que ha existido y que existirá jamás y completamente indestructible. Si un terremoto de escala 10 hundiese un continente el computador no se resentiría: Poseía cientos de copias de respaldo de sus datos y no tenía una localización específica. Siempre que sobreviviesen un puñado de módulos, el Proyecto Omega seguiría existiendo y con él el Cielo.
Desde la Tierra nos comunicaron que habían construido el computador, al que habían bautizado como D10S. Dios jamás había existido, pero ahora los humanos, en un acto de supremo antropocentrismo, había construido uno para que les forjase un Cielo. D10S comenzó el proceso de emulación y selección. No todos los humanos nacidos serían aceptados. Aquellos que hubiesen sido unos criminales irrecuperables serían desechados. Todos los demás serían invitados a formar parte del Cielo en el Proyecto Omega. Incluso nos comentaron que el proceso de selección iba a ser permisivo: La gran mayoría de la humanidad tendría una segunda oportunidad en el Cielo. Poco después comenzó el proceso de Mind Upload. La Tierra tal y como la conocíamos llegaba a su fin. A partir de ahora seguirían vivos, pero de una manera completamente distinta de la nuestra, en otro mundo. Escapaban del mundo físico hacia el mundo virtual. Nos dijeron que seguirían en contacto una vez todo el proceso de Mind Upload finalizase.
Desde entonces han pasado tres años. Tres años de puro vacío. Hemos buscado en todas las frecuencias y no hay rastro de informe alguno de la Tierra. ¿Se han olvidado de nosotros? ¿O algo ha ido realmente mal? ¿Y si el proceso hubiese fallado? Pero no podía ser, la Tierra tenía a los mejores en cada campo. Así que decidimos ir a ver nosotros mismos. Nuestra industria aeroespacial no se hallaba muy desarrollada, pero fuimos capaces de construir una nave espacial en seis años que fuese capaz de llevarnos a la Tierra. Sólo tendría un tripulante que se hallaría en crioestasis hasta llegar a la Tierra. Así sabríamos si el sueño de Frank J. Tipler se había convertido en una condena para la Tierra.
Desde el primer momento me postulé como candidato y tras realizar decenas de pruebas y entrevistas fui seleccionado. La nave despegó hace cinco minutos. Atrás veo mi planeta, pequeño y anaranjado, encogiendo y más allá veo el resplandor rojizo de nuestro sol. Frente a mi una pantalla lleva una cuenta atrás: Crioestasis en 3.. 2.. 1..
Cuando he despertado me he encontrado en la órbita terrestre. Puedo ver sus océanos azules, nada comparado con las imágenes que nos llegaban de ellos. Las nubes cubren parte de la superficie en una sublime danza ciclónica. Mi nave ha lanzado las peticiones de aviso de aterrizaje estándar. Era el primer hombre de mi colonia que viajaba a la Tierra. Nada, ninguna respuesta. He ajustado los controles y he comenzado el aterrizaje en Nueva York, la capital del mundo. La vista desde el aire es desoladora: Enormes megalópolis vacías, invadidas por las plantas y los animales. Parece como si la humanidad se hubiese desvanecido y como si entonces la Tierra comenzase una lenta recuperación de lo que en algún momento perteneció a la Naturaleza.
Mi nave ha aterrizado en lo que una vez fue Central Park. Es increíble la vista de loa árboles desde tan cerca. En mi mundo las plantas crecen en jardines hidropónicos y no tienen más de 10 centímetros de altura en la mayoría de casos. En la Tierra todo parece tan colosal, como si allí viviesen en una escala superior a los de mi colonia.
He andado durante dos horas terrestres y no he encontrado ningún rastro de la humanidad, salvo los cascarones ahora vacíos de sus ciclópeos edificios que se extienden hasta el cielo. He regresado a la nave para lanzar el primer informe y mientras lo he hecho no he podido parar de pensar que tardará cuatro años en llegar hasta el Centro de Estudio y Estadística. Y parece que fue ayer cuando partí. Pero en realidad han pasado más de seis años. Eso me ha hecho sentir cierta melancolía.
He tardado seis días en hallar algo significativo. En estos seis días sólo he parado para maravillarme de las cosas que he visto: Animales salvajes, cielos azules, lluvia, plantas enormes y espacios abiertos hasta donde alcanza la vista, rivalizando con rascacielos inmensos. Pero por fin he encontrado algún rastro de D10S: Un enorme campo de paneles solares de al menos 400 kilómetros cuadrados de superficie. Poco después he visto una enorme pista de aterrizaje llena de naves con aspecto de haber pasado mucho tiempo a la intemperie. Pocos kilómetros más allá hay una enorme cúpula cuyos destellos son visibles desde aquí. Al llegar hasta allí he visto una puerta enorme y cerrada. Sobre ella hay escrito: "Proyecto Omega: Centro de Mind Upload Nº 345-E19". He logrado entrar después de una hora de lidiar con unas cerraduras electrónicas. Lo que he visto en el interior me ha impresionado hasta tal punto que aún siento náuseas: A lo largo de toda la superficie interior de la cúpula hay decenas de cabinas individuales y dentro de cada una de ellas hay un esqueleto humano. Hay esqueletos de todas clases, de niños y de adultos, cada uno con las ropas aún brillantes como si sólo hiciesen algunos minutos desde que han entrado dentro de las cabinas. De cada ellas salen unos cables que convergen en el centro de la cúpula y luego se pierden bajo tierra. Los hombres y mujeres de la Tierra han abandonado sus cuerpos y estos han perecido dentro de las cabinas en una grotesca deferencia a la muerte que no les alcanzará jamás. Luego he encontrado una placa grabada y aún pulida que dice: "Los seres humanos, que han visitado las estrellas, ahora se hallan en el Cielo que ellos mismos han construido".
La sucesión de Centros de Mind Upload parece no tener fin y entre ellos, gigantescos campos de paneles solares.
Esta mañana he llegado a un enorme edificio, situado en algún punto del centro de África. Después de deambular durante horas por kilómetros y kilómetros de pasillos llenos de cables y tuberías, llenos de zumbantes equipos informáticos ajenos a mi conocimiento, he entrado en una habitación que contenía más cabinas de Mind Upload. Los que se hallaban en su interior vestían trajes de científico y la placa rezaba: "Aquí se completó el último paso de Mind Upload que ha llevado a los hombres al Cielo". Casi me mareo al pasar entre las decenas de cadáveres secos. Por fin, una puerta me lleva hasta una habitación llenas de brillantes pantallas. Por el suelo hay una comunión de cables de todos tipos y grosores hasta tal punto que me es difícil caminar sin tropezar. Mis ojos se han vuelto hacia una enorme pantalla, que sobre fondo negro tiene escrito con grandes letras blancas:

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%PROGRESS:100%

Proceso de Mind Upload finalizado con éxito. Pulse cualquier tecla para continuar |

Y al final de la pantalla un cursor parpadeando lenta y pacientemente.

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