jueves, diciembre 21, 2006

Tiempos

Esta mañana me llaman al teléfono móvil. Zumbido maléfico (tiene apagado los tonos), ffz, ffz, ffz. Me levanto, con los ojos llenos de legañas. Número desconocido. A ver quien coño...
YO: (Voz de persona que estaba durmiendo hace 3 segundos) ¿Sí?
Teleoperador Transatlántico (TT): (Acento sudamericano, ligeramente maquillado) Buenos días, ¿está el titular del teléfono?
YO: ¿Ehm? ¿Qué?
TT: Que si está el titular de la linea.
YO: (Miro el reloj. Joder, menos mal que te ampara el respeto gremial) No, no está (coño).
TT: ¿A que hora podría estar?
YO: Pues a las cuatro. De la tarde. Oiga ¿Esto para q...?
TT: (Como una grabación): Pues muchas gracias, recuerde que para cualquier otra información estamos en el 1***. Buenos días. ¡Clonc!
YO: Buenos... Joder ya ha colgado. Bueno, a besar la manta. Si no recuerdo mal estaba soñando con Scarlett Johanson. Cabrones. Grzzzzzzzzz...

A las 16 h, yo ya casi ignorante de la llamada de esta mañana, de la cual se había ocupado con bastante solvencia mi subconsciente, llaman de nuevo:

Otro Teleoperador Trasatlántico (OTT): Buenas tardes, mi nombre es Walter Ajonjoliño Machupichu. ¿Puedo hablar con el titular del teléfono?
YO: Aquí estoy.
OTT: ¿Es usted el titular del teléfono?
YO: El mismo que viste y calza.
OTT: Venía a ofrecerle un cambio de oferta. Si se hace usted de la compañía Zipotangos Telecomunications le conservamos el número de teléfono y le damos un terminal móvil nuevo.
YO: Hala, que bien. Pues gracias por la información, pero no me interesa. Gracias, majo.
OTT: (Como una grabación) Pues muchas gracias, recuerde que para cualquier otra información estamos en el 1***. Buenos días. ¡Clonc!
YO: De nada. Si me interes... Joder, ya han vuelto a colgar. Deben de estar superputeadísimos con los tiempos. Cualquier teleoperador tiene el tiempo colgado sobre su cabeza, cual cruel espada de Damocles. Pero si aquí estamos jodidos, no sé cómo se las arreglarán en otros países, donde los sueldos y los derechos laborales son más baratos. Y me he quedado pensando. El pobre amigo Walter estará llamando como un loco, con un coordinador supercabrón detrás exigiéndose que lo haga todo más rápido, mucho más rápido, sin acento sudamericano, sin trabarse y sin perder un ápice de calidad. Tendrá una pausa para comer, le controlarán hasta el tiempo que se pasa en el váter. Y entonces me he sentido un poco más triste. No porque ningún peruano, chileno o argentino se vaya a llevar mi trabajo, sino porque me he dado cuenta de que no andamos hacia delante.

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