sábado, junio 23, 2007

El coche invisible

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El hombre invisible dice: "Pensar solo puede hacerle daño a tu estupidez. Así que piensa un poco, coño.

Atención: La siguiente historia se basa en un hecho real. Algunos acontecimientos se han modificado para su dramatización.


Cosas que usted en la vida real no haría (pendiente de calificación por edades)

Una mujer entra en un taller. El olor a 3en1 flota en el aire. No se para en la entrada, anda hasta que se cruza con un mecánico cuyo mono azul y lleno de grasa apenas puede contener la blindada turgencia de sus abultados músculos. Es una mezcla entre Brad Pitt y un culturista. Su mirada puede derretir el hielo. Mientras se limpia las manos en un trapo que en otro lustro era blanco, sonríe mostrando unos dientes de anuncio.
- ¿En qué puedo ayudarla, señora?
Ella observa al mecánico de arriba a abajo. Dos veces. Luego , mientras se agarra a su bolso para evitar caerse al suelo indica:
- Mi coche... Mi coche...
El mecánico, llamémosle Sr. J, está acostumbrado al efecto que provoca en las mujeres y en algunos hombres. Sonríe cálidamente para alentar a la mujer a que continúe.
- Su coche...
- Mi coche. No alcanza más de 60.
El Sr. J es un mecánico curtido en los aparentes problemas de los clientes, por eso quiere siempre descartar lo evidente.
- ¿Ha probado con pisar el acelerador y cambiar de marchas?
- ¿Emm? -ella parece tener la mente en otra cosa-. Sí. La palanca de cambios debe de estar muy bien. Digoooo, sí, pero no, no va a más velocidad.
- Bueno -dice, mientras acorta la distancia entre ambos. Ella le observa, reflejándose en los ojos azules cristalinos del Sr. J. Los electrones comienzan a saltar de sus órbitas-. Veamos ese coche.
- No. No lo he traído. Pero necesito que me lo arreglen.
- Lo siento, señora. Soy bueno, en muchos aspectos -en algún lugar de la habitación unos papeles comienzan a arder-. Pero aún no he conseguido arreglar las cosas a distancia. Tráigame el coche y lo pondremos en forma.
- Va... vale -ella, sin pode ocultar el tembleque de sus piernas, sale del taller, pensando que el Sr. J tiene razón. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que si quieres que te arreglen el coche debes llevarlo a que lo revisen.

La anterior historia es la dramatización de lo que pasó en la vida real, tal que así:

- Buenos días, bienvenido a Orange... blahblahblah.
- Hola, mira, soy una clienta de Orange y llamo porque tengo un problema...
- A ver, dígame su número de teléfono.
- 90014309514091547854.
- Bueeeeno, dígame qué pasa.
- Pues que desde que he contratado los 6 megas la conexión me va muy lenta. Y claro, si esto no se soluciona me daré de baja.
- (Primer error, muchacha: No amenaces nunca con la baja. A mi me la pela. Si por mi fuera te paso ya a bajas y a otra cosa. Respira hondo Juzam). Vale, vamos a hacer unas pruebas en el equipo. ¿Está usted delante del PC?
- No, estoy llamando desde el trabajo.
- (Voz de Papá Noel cuando le pregunta a un niño que qué quiere estas navidades) Pues resulta que para que le podamos hacer las pruebas debe usted estar delante del PC. Necesito hacer algunas comprobaciones y comprobar la velocidad. Estamos las 24 horas. Cuando esté en casa nos llama y hacemos las pruebas. ¿De acuerdo?
- No, no estoy de acuerdo.
- (Alégrame el día) ¿Por qué?
- Porque voy a tener que llamar otra vez.
- (Adiós, adiós, sonrisa telefónica. Póngase la actitud del personaje de Jack Nicholson en Algunos Hombres Buenos) Pero yo tengo que hacer mi trabajo. Y éste consiste en revisar la conexión y la configuración de su equipo para comprobar la lentitud. No podemos saber qué falla si no vemos lo que está fallando (los clientes piensan que tenemos un botón mágico que lo arregla todo o que estamos aquí para ponerle trabas). ¿Sabe qué? Si pudiese arreglárselo ya lo haría (así no tendríamos que volver a dirigirnos la palabra).
- (Refunfuñando) Vale.

¿Por qué hay cosas que usted no haría en carne y hueso pero sí se empeña en hacerlo por teléfono? La lógica de las situaciones es en el fondo la misma, pero hay gente que no parece captarlo. Y sí, ordené el código rojo. Fue por su bien.

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