jueves, noviembre 08, 2007

No lo digo yo



"Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso. Pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. La patria es un invento. Qué tengo que ver yo con un Tucumano o un Salteño? Son tan ajenos a mí como un Catalán o un Portugués. Son estadísticas. Números sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente. Tu país son tus amigos y eso sí se extraña."

4 comentarios:

Mar dijo...

Es que el patriotismo es un concepto que no acabo de entender. Yo no me iría a morir a una guerra por mi país; en todo caso, moriría por mi gente, mi familia, mis amigos (esto lo expresaba muy bien Clint Eastwood en su peli sobre Iwo Jima, la parte "americana"). Y cuando estás fuera de tu país, puedes echar de menos el tuyo si las costumbres son muy distintas en ese otro país o si te falta algo que tenías en el tuyo, pero te acostumbras y te haces ciudadano global en cuanto te relajes. No sé quién decía que el nacionalismo se cura viajando... (y eso que soy galleguista de pro, ojo; pero no soy de los que utilizan mi segundo idioma como una barrera, sino como una riqueza más en mi vida)

Juzam dijo...

Creo que fue Einstein el que dijo que el nacionalismo es una enfermedad infantil, que era el sarampión de la humanidad. Ademas si lo dice Luppi pues ya ni te cuento.
Anda que a mi me hacen falta banderas ni himnos. Me da mucha pena el fervor con el que algunas personas son capaces defender un trapito de colores, hasta ser capaces de morir (o peor) matar por ellos.

Ata loguiño ;)

Yoyo dijo...

Mi patriotimo llega justito hasta mi epidermis (yo) y de mi piel pa´dentro mando (Escohotado y Mil dolores pequeños).
Aunque también podríamos discutir si el patriotismo es el último refugio de los canallas (no me acuerdo) o la sentencia más castiza de Un patriota, un idiota (La polla Records).

Saludos.

Juzam dijo...

Y si no hay ningún fiscal presente, podríamos hasta entonar aquel bonito "Ni dios, ni patria ni rey".